Mi vida minimalista

Hacia el minimalismo

Durante más de 7 años viví en un minipiso de menos de 35 metros cuadrados.

Los primeros años no fueron diferentes a los anteriores. Fui acumulando objetos de todo tipo. Muchos de los cuales ahora sé que me proporcionaban satisfacciones efímeras.

En paralelo, el desorden se apoderó de mi espacio personal hasta que en un momento dado, no sabría decir realmente por qué motivo ni cuándo, llegué a lo contrario.

Y resultó ser positivo. Vivir en un entorno organizado me generaba equilibrio personal. Era el reducto ideal para la paz que necesitaba después de un día duro de oficina.

A partir de ahí realicé una mudanza en 2013 para irme a vivir en pareja. Y gran parte de los bienes materiales se vinieron en cajas conmigo.

El siguiente cambio se produjo en un posterior traslado. Fue en 2016. Ahí ya me había dado cuenta de que muchas de las cosas que había acumulado durante años ni me evocaban emociones ni las necesitaba para nada.

Me desprendí de la mayoría. Porque tampoco había previsto un lugar para ellas en la nueva casa.

En ese momento no conocía a Marie Kondo. Ni su método ha aportada a la fecha nada a mi día a día.

Solo dejé llevarme por un criterio práctico que me hizo llegar, si es que es necesario conceptualizarlo, a una vida minimalista.

Qué es (para mi) el minimalismo personal

No voy a entrar para ello en teorías genéricas que en otros sitios estarán muy bien explicadas desde un punto de vista filosófico y artístico.

Minimalismo no es sinónimo de baratija, cutrez o tacañería. Ni siquiera de eliminar necesariamente caprichos. Sino una manera de entender la vida (o varios aspectos de ella) que, partiendo de lo simple, lleva a prescindir de aquellos elementos que no son esenciales emocional o funcionalmente.

En cualquier caso, se habla de minimalismo pero podrían encontrase ideas del estoicismo, el ascetismo y la escuela zen. Aunque no seré yo quien, sin el suficiente conocimiento, analice las conexiones de todo ello.

El minimalismo financiero

Lleva a reducir al máximo los impulsos consumistas. Y dedicar con ello recursos económicos a aquellas cosas o experiencias que realmente van a necesitarse o satisfacer nuestros intereses, así como a bienes productivos.

Evidentemente, la consecuencia de este planteamiento lleva a un mayor ahorro y a un fortalecimiento de las finanzas personales.

Minimalismo como forma de vestir

Mi armario minimalista

Utilizo prendas básicas y de línea simple.

Es decir, solo compro ropa como camisas blancas, azules y negras -siempre lisas- para entretiempo; suéteres de cuello alto en color negro para invierno y polos negros y azules en verano.

Que combino casi siempre con pantalones vaqueros negros o azules.

Preferiblemente el mismo modelo y marca para cada producto. Por ejemplo, las camisas son de HM, los pantalones de MANGO y los polos de Springfield.

No tengo decenas de zapatos. Solo un máximo de dos combinaciones por temporada. En primavera y verano, no suelen faltar en mi armario unos náuticos.

En relación a chaquetas y chaquetones sí suelo permitirme cada temporada adquirir lo que me gusta. Un máximo de dos unidades que acumulo a los que ya tengo de años anteriores. Eso sí, sin dibujos ni letras.

Lo anterior no significa que no lave la ropa, como mucha gente puede pensar, ni que tenga un suéter, una camisa y un polo de cada tipo. Sino que tengo varios de cada modelo y color a la vez. Pero siempre son iguales.

Y cuando acaba la temporada compro el producto que voy a necesitar para la nueva y me desprendo del de la que acaba para que al año siguiente pueda estrenarlo.

Por otro lado, tengo un traje gris (y unas pocas corbatas) para las ocasiones profesionales o personales que lo requieren.

El papel del complemento

Sin caer en la excentricidad, una pieza de joyería simple o un chaquetón de color pueden convertirse en el elemento que acompañe a tu ropa minimalista e introduzca un determinante punto de singularidad a tu imagen.

En mi caso, por ejemplo, me gusta utilizar relojes antiguos y gafas diferentes con este objetivo.

Ventajas del estilo de moda minimalista

  • El sueño del uniforme. La mayoría de personas se queja cada mañana de tener que estar un buen rato eligiendo qué ponerse. Ello genera muchas veces ansiedad y supone una pérdida de tiempo. Por el contrario, en mi caso, el tipo de prenda ya está elegido con antelación y las combinaciones son múltiples pero fijas.
  • Ahorro económico. Huir de las tendencias y marcas del momento, así como de la variedad, tiene sus consecuencias en la cartera.
  • El propio estilo se convierte en un elemento más de la marca personal.
  • Reducción del espacio necesario. Toda mi ropa cabe en un armario empotrado de poco más de un metro de longitud.
  • Comodidad garantizada. Sé que el tipo de prenda que me voy a poner cada día me va a hacer sentir bien en cualquier escenario y posición.
  • Mi ropa minimalista no pasa de moda.

No he sido la primera persona (ni seré la última) en entregarme al modelo de vestir simple. Personajes como Steve Jobs o Mark Zuckerberg son iconos también en este ámbito.

Con todo ello puede advertirse que el peor regalo que alguien puede hacerme en Navidad o para mi cumpleaños es una camisa o pantalón molón. Porque lo más probable es que termine por no salir del armario.

Las 3 bolsas de basura

Desde mi penúltima mudanza intento que aquellas cosas de mi propiedad tan personales que no servirían a nadie más, quepan en 3 bolsas de basura.

Esta máxima me obliga a quedarme con las pertenencias de diario que realmente uso y me permite adquirir en compensación con lo anterior, y en contadas ocasiones, otro tipo de bienes que puedan en presente o futuro hacer felices también a otras personas.

La digitalización como aliada

La digitalización puede convertirse en una gran aliada para reducir el volumen de objetos que nos rodean; lo que también libera consecuentemente nuestro entorno físico.

Nos permite hacerlo, por ejemplo, con recuerdos como fotografías, libros y otros documentos que incluso pueden estar firmados electrónicamente para que no pierdan su máxima validez legal.

Para este fin dispongo desde hace al menos tres años contratada una cuenta premium de dropbox.

Libros sobre minimalismo

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