Vivir sin coche

En julio de 2018 compré en amazon un patinete eléctrico Xiaomi Mi Scooter M365 y la experiencia no puede ser más positiva. Tanto que dos meses después vendí mi coche a pesar de que inicialmente no era el objetivo.

Vivo en una mediana ciudad con pocos carriles bici aunque sin grandes pendientes.

De vez en cuando utilizo un taxi, al menos el 80% de los desplazamientos urbanos los realizo con patinete y a veces, tengo que recurrir a un coche prestado para ciertos desplazamientos familiares. Pero estos últimos son anecdóticos.

Dios salve al coche

Uno de los primeros sectores que activan el botón del pánico ante una crisis es el del automóvil. Y también suele ser uno de los que más ayudas recibe en un país cuando los gobiernos intentan reactivar sus economías.

Si te fijas, no ha sido diferente en la actual situación derivada de la pandemia por la COVID-19; en la que el Gobierno de España, como otros de nuestro entorno, ha anunciado medidas que pretenden potenciar la compra de coches tras semanas de cifras catastróficas.

Esto es porque por ejemplo en España, el sector del automóvil representa el 10% del PIB y emplea el 9% de la población activa. Nada más y nada menos.

Por lo anterior y con el impulso de la publicidad y los medios de comunicación, no existe familia modélica en España que no tenga dos coches, vivienda propia y apartamento en la playa o chalet en la sierra. Mira a tu alrededor.

Pero además, el vehículo personal se haya convertido en uno de los símbolos del éxito social.

Nos hemos acostumbrado a que las personas adultas deben tener su propio coche. Según una encuesta de 2019, el 80% de los consultados no podría vivir sin su vehículo. Eso sí, gracias al marketing aspiracional, cuanto más grande y caro, mejor. Y la mayoría sigue esa idea sin observar más razones ni opciones.

Es evidente que hay que atender al caso concreto.

Efectivamente, las circunstancias personales y profesionales de cada cual son distintas. Por lo que hay que analizar con detalle cada situación en función a alternativas, recursos y necesidades reales.

Al respecto hay que considerar, sobre todo cuando gran parte de nuestros movimientos se producen en un entorno urbano, si podríamos sustituir el coche propio por medios de transporte alternativos como el autobús, los vehículos de movilidad personal, el taxi o el metro. Teniendo en cuenta además que para necesidades puntuales, como viajes, también puede alquilarse un vehículo a una empresa especializada.

EUROPCAR ofrece vehículos en alquiler desde 10 euros al día. A este gasto hay que añadir el de la gasolina. 

Ventajas de vivir sin coche

Económicas

Como decía aquel viejo anuncio, tu coche pierde pasta.

Según mis cálculos, mantener mi último utilitario me suponía un desembolso mínimo de 2.000 euros al año. Gasolina, seguro, reparaciones ordinarias e impuestos. A lo que habría que añadir el coste del alquiler de un aparcamiento si fuera necesario en tu caso.

MI PRESUPUESTO 2020 MOVILIDAD

  • Desplazamientos en taxi: 300 euros.
  • Seguro patinete eléctrico: 40 euros.
  • Recarga eléctrica del patinete (he considerado una cantidad alzada según varios estudios que he leído en Internet): 120 euros.
  • Pequeñas intervenciones en el patinete: 50 euros.
  • Otros medios de transporte: 250 euros.
  • Gasolina (coches compartidos): 150 euros.
  • Total: 910 euros.

Sin tener en cuenta, por otro lado, que más pronto que tarde hubiera tenido que comprar otro coche. Operación que me exigiría financiación externa. Con lo que a la compra mínima de un coche, habría que sumar los intereses generados.

A modo de ejemplo, en verano de 2017 visité un concesionario interesándome por un SEAT IBIZA de gasolina con características intermedias. Creo recordar que la financiación resultaba en torno a 210 euros al mes durante 6 años. 

Con todo y con ello, con el resultado positivo obtenido estoy intentando incrementar mis ahorros. Y vivir tranquilo sin más deuda ni compromisos con el banco.

Lo sé. Llegados a este punto puedes pensar que soy un pobre tonto o un tonto pobre.

En el primero de los casos no has entendido nada. Y te recomiendo que sigas teniendo mejor coche que tu vecino. Aunque necesites recurrir a una financiación bancaria que te exprime cada mes.

En el segundo, nada que objetar. Has hecho los deberes o el destino o la fortuna te permiten tener el coche que quieres.

Pienses lo que pienses, estoy convencido que desde el punto de vista de mi economía personal la decisión de vivir sin coche no ha podido ser más acertada.

MIS GASTOS 2020 MOVILIDAD

  • Febrero 2020: 45 euros, gasolina coche compartido.
  • Febrero 2020: 1 euros, mantenimiento patinete.
  • Mayo 2020: 15 euros, taxi.
  • Mayo 2020: 11,85 euros, taxi.
  • Junio 2020: 4,75 euros, taxi.
  • Agosto 2020: 30 euros, gasolina coche familiar prestado.
  • Agosto 2020: 11 euros taxi.
  • Septiembre 2020: 21 euros taxi.
  • Septiembre 2020: 20 euros, gasolina coche familiar prestado.
  • Octubre 2020: 20 euros, gasolina coche familiar prestado. Durante estos meses utilizaré en mayor medida este vehículo para atender unas concretas y puntuales conveniencias familiares.
  • Noviembre 2020: 40 euros, gasolina coche familiar prestado.
  • Diciembre 2020: 60 euros, gasolina coche familiar prestado.
  • 120 euros anuales, estimación recarga eléctrica del patinete.
  • 45 euros, seguro.
  • Total: 444,6 euros.

 

Actualizado: 03/04/2021.

MIS GASTOS 2021 MOVILIDAD

  • Enero 2021: 50 euros, gasolina coche familiar prestado.
  • Febrero 2021: 48 euros, taxi.
  • Marzo 2021: 20 euros, taxi.
  • Marzo 2021: 20 euros, reparación pinchazo patinete.
  • 120 euros anuales, estimación recarga eléctrica del patinete.
  • 45 euros anuales, seguro.

 

Actualizado: 03/04/2021.

Medio ambiente

Desconozco si los yacimientos de petróleo se agotan. Pero a la vista de las conclusiones de la mayoría de expertos en la materia, la descontrolada emisión de dióxido de carbono en la atmósfera está derivando en el calentamiento global que traería el temible cambio climático.

Quizá en este punto te estés haciéndote la pregunta de si podrías vivir sin coche. Casi dos años después de decidirlo, puedo decir que sí.

¿Y si más adelante necesito coche?

Vivir sin coche no es una religión. Por lo que si por objetivas circunstancias en el futuro me viera en la necesidad de comprar uno, me plantearía adquirirlo de segunda mano adaptado a mis estrictas necesidades.

Mi patinete eléctrico

Por qué compré un Xiaomi MI 365

  • Soy fan de la marca china Xiaomi.
  • La relación calidad-precio. Por menos de 400 euros pude tener un vehículos de movilidad personal.
  • Es el patinete eléctrico que tiene la mayoría de personas. Y esto no lo considero una ventaja en cuanto a que quiera seguir ninguna moda. Sino porque al tener una comunidad de usuarios tan grande, encuentras información en Internet de todo tipo y hay un mercado de soluciones técnicas especializadas.
  • Aunque no soy muy partidario de los complementos ni de tunear el scooter, existen infinidad de productos para personalizarlo y adaptarlo a los gustos y necesidades de cada cual. En mi caso, de momento, únicamente he comprado un soporte que me permite fijar el teléfono móvil al manillar para comprobar mientras conduzco diferentes parámetros del aparato como su velocidad.

Seguro de patinete sí o no

Aunque hay algunas ciudades españolas que ya establecen la obligatoriedad de contratar un seguro de responsabilidad civil para el uso de patinetes eléctricos en su territorio, lo cierto es que con carácter general, no existe todavía norma alguna a nivel del Estado que obligue en este sentido.

Con independencia de ello, es conveniente contratarlo  para prevenir posibles siniestros en los que sobre todo, puedan estar implicadas terceras personas.

En mi caso, desde principios de 2019 tengo suscrita una póliza de seguro para mi patinete con cobertura de responsabilidad civil y defensa jurídica.

No me cuesta más de 40 euros al año. Por  lo que por este precio, no merece la pena no contratarlo.

Mi vida minimalista

Hacia el minimalismo

Durante más de 7 años viví en un minipiso de menos de 35 metros cuadrados.

Los primeros años no fueron diferentes a los anteriores. Fui acumulando objetos de todo tipo. Muchos de los cuales ahora sé que me proporcionaban satisfacciones efímeras.

En paralelo, el desorden se apoderó de mi espacio personal hasta que en un momento dado, no sabría decir realmente por qué motivo ni cuándo, llegué a lo contrario.

Y resultó ser positivo. Vivir en un entorno organizado me generaba equilibrio personal. Era el reducto ideal para la paz que necesitaba después de un día duro de oficina.

A partir de ahí realicé una mudanza en 2013 para irme a vivir en pareja. Y gran parte de los bienes materiales se vinieron en cajas conmigo.

El siguiente cambio se produjo en un posterior traslado. Fue en 2016. Ahí ya me había dado cuenta de que muchas de las cosas que había acumulado durante años ni me evocaban emociones ni las necesitaba para nada.

Me desprendí de la mayoría. Porque tampoco había previsto un lugar para ellas en la nueva casa.

En ese momento no conocía a Marie Kondo. Ni su método ha aportada a la fecha nada a mi día a día.

Solo dejé llevarme por un criterio práctico que me hizo llegar, si es que es necesario conceptualizarlo, a una vida minimalista.

Qué es (para mi) el minimalismo personal

No voy a entrar para ello en teorías genéricas que en otros sitios estarán muy bien explicadas desde un punto de vista filosófico y artístico.

Minimalismo no es sinónimo de baratija, cutrez o tacañería. Ni siquiera de eliminar necesariamente caprichos. Sino una manera de entender la vida (o varios aspectos de ella) que, partiendo de lo simple, lleva a prescindir de aquellos elementos que no son esenciales emocional o funcionalmente.

En cualquier caso, se habla de minimalismo pero podrían encontrase ideas del estoicismo, el ascetismo y la escuela zen. Aunque no seré yo quien, sin el suficiente conocimiento, analice las conexiones de todo ello.

El minimalismo financiero

Lleva a reducir al máximo los impulsos consumistas. Y dedicar con ello recursos económicos a aquellas cosas o experiencias que realmente van a necesitarse o satisfacer nuestros intereses, así como a bienes productivos.

Evidentemente, la consecuencia de este planteamiento lleva a un mayor ahorro y a un fortalecimiento de las finanzas personales.

Minimalismo como forma de vestir

Mi armario minimalista

Utilizo prendas básicas y de línea simple.

Es decir, solo compro ropa como camisas blancas, azules y negras -siempre lisas- para entretiempo; suéteres de cuello alto en color negro para invierno y polos negros y azules en verano.

Que combino casi siempre con pantalones vaqueros negros o azules.

Preferiblemente el mismo modelo y marca para cada producto. Por ejemplo, las camisas son de HM, los pantalones de MANGO y los polos de Springfield.

No tengo decenas de zapatos. Solo un máximo de dos combinaciones por temporada. En primavera y verano, no suelen faltar en mi armario unos náuticos.

En relación a chaquetas y chaquetones sí suelo permitirme cada temporada adquirir lo que me gusta. Un máximo de dos unidades que acumulo a los que ya tengo de años anteriores. Eso sí, sin dibujos ni letras.

Lo anterior no significa que no lave la ropa, como mucha gente puede pensar, ni que tenga un suéter, una camisa y un polo de cada tipo. Sino que tengo varios de cada modelo y color a la vez. Pero siempre son iguales.

Y cuando acaba la temporada compro el producto que voy a necesitar para la nueva y me desprendo del de la que acaba para que al año siguiente pueda estrenarlo.

Por otro lado, tengo un traje gris (y unas pocas corbatas) para las ocasiones profesionales o personales que lo requieren.

El papel del complemento

Sin caer en la excentricidad, una pieza de joyería simple o un chaquetón de color pueden convertirse en el elemento que acompañe a tu ropa minimalista e introduzca un determinante punto de singularidad a tu imagen.

En mi caso, por ejemplo, me gusta utilizar relojes antiguos y gafas diferentes con este objetivo.

Ventajas del estilo de moda minimalista

  • El sueño del uniforme. La mayoría de personas se queja cada mañana de tener que estar un buen rato eligiendo qué ponerse. Ello genera muchas veces ansiedad y supone una pérdida de tiempo. Por el contrario, en mi caso, el tipo de prenda ya está elegido con antelación y las combinaciones son múltiples pero fijas.
  • Ahorro económico. Huir de las tendencias y marcas del momento, así como de la variedad, tiene sus consecuencias en la cartera.
  • El propio estilo se convierte en un elemento más de la marca personal.
  • Reducción del espacio necesario. Toda mi ropa cabe en un armario empotrado de poco más de un metro de longitud.
  • Comodidad garantizada. Sé que el tipo de prenda que me voy a poner cada día me va a hacer sentir bien en cualquier escenario y posición.
  • Mi ropa minimalista no pasa de moda.

No he sido la primera persona (ni seré la última) en entregarme al modelo de vestir simple. Personajes como Steve Jobs o Mark Zuckerberg son iconos también en este ámbito.

Con todo ello puede advertirse que el peor regalo que alguien puede hacerme en Navidad o para mi cumpleaños es una camisa o pantalón molón. Porque lo más probable es que termine por no salir del armario.

Las 3 bolsas de basura

Desde mi penúltima mudanza intento que aquellas cosas de mi propiedad tan personales que no servirían a nadie más, quepan en 3 bolsas de basura.

Esta máxima me obliga a quedarme con las pertenencias de diario que realmente uso y me permite adquirir en compensación con lo anterior, y en contadas ocasiones, otro tipo de bienes que puedan en presente o futuro hacer felices también a otras personas.

La digitalización como aliada

La digitalización puede convertirse en una gran aliada para reducir el volumen de objetos que nos rodean; lo que también libera consecuentemente nuestro entorno físico.

Nos permite hacerlo, por ejemplo, con recuerdos como fotografías, libros y otros documentos que incluso pueden estar firmados electrónicamente para que no pierdan su máxima validez legal.

Para este fin dispongo desde hace al menos tres años contratada una cuenta premium de dropbox.

Libros sobre minimalismo

  • Menos es más: Cómo ordenar, organizar y simplificar tu casa y tu vida. Vivencias y propuestas de una blogger que vendió su casa y la mayoría de pertenencias y se fue a conocer mundo con su marido.

  • La magia del orden : herramientas para ordenar tu casa– ¡y tu vida! de Marie Kondo. A mi esta señora me aburre. Pero su libro es hoy una referencia comercial sobre orden y minimalismo.

  • El arte sueco de ordenar antes de morir. Margareta Magnusson desarrolla en esta obra el dostadning. Que se podría traducir literalmente como limpieza de muerte y supone que el individuo se va deshaciendo continuamente de todo lo que no necesita para evitar -en la medida de lo posible- el mal trago que genera a los familiares organizar y desprenderse de los objetos que un finado fue acumulando a lo largo de los años.

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